Muchos de los propósitos que las personas se hacen al comenzar el año no llegan a cumplirse. Según algunos estudios, eso ocurre en el 91% de los casos. Es más, puede que a principios de Febrero ya ni siquiera lo intenten. Y no es por falta de planificación ni de esfuerzo.

Fracasan por el exceso de peso. Ideas que ya no comparten, personas que les quitan la energía, objetivos que no son suyos, miedos heredados, expectativas ajenas, etc. Es decir, el problema no es qué les falta para alcanzar los nuevos objetivos, sino qué les sobra.

Cuando una cuenta de correo está saturada, los nuevos mensajes no entran, no se pueden descargar. Cuando en un ordenador o en el móvil la tarjeta de memoria está llena no podemos descargar programas nuevos o nuevas aplicaciones.

Por eso, si queremos alcanzar los objetivos que nos propusimos a principios de Enero tendríamos que eliminar algunos de los pensamientos o actitudes que pesan mucho y que nos impiden descargar los nuevos programas o disfrutar de los nuevos propósitos. Tenemos que recuperar espacio en nuestra “memoria”. Eliminar lo innecesario, lo que nos hace daño, para recuperar espacio para lo esencial.

Y aquí empieza uno de nuestros propósitos para 2026. El programa 9 meses para 9 cambios. Un elemento eliminado por cada mes de gestación del nuevo yo del futuro.

El miedo a la opinión de los demás; la necesidad de tener el control de todo; qué hacer con los ladrones de energía; cómo convertirnos en «traperos del tiempo»; cómo eliminar las expectativas irreales; la necesidad constante de llevar siempre la razón; cómo liberarnos de las resistencias internas; de la comparación con los demás; de los pensamientos repetitivos.

Cada mes, vamos a proponer eliminar algunas de estas conductas, actitudes, sentimientos, etc. que ocupan espacio innecesario y que nos impiden alcanzar los nuevos objetivos. Naturalmente esto va a llevar tiempo, exigir compromiso y ajustar expectativas.

Entre el punto de partida y el punto de llegada de cualquier cambio existe lo que se conoce como el «espacio liminal», un espacio de transición. No estamos donde estábamos, pero todavía no hemos llegado adonde queremos ir. Este espacio puede ser incómodo pero hay que atravesarlo para llegar al destino. Un ejemplo físico de espacio liminal son los aeropuertos. Cuando estamos en un aeropuerto no estamos donde estábamos pero tampoco hemos llegado adonde queremos ir. Es un lugar lleno de incomodidades, pero nadie se vuelve a casa por eso, renunciando al destino final.

Muchas personas esperan resultados inmediatos en Enero, por eso se rinden, no quieren atravesar el espacio liminal. El error común es interpretar este periodo como un fracaso: “No funciona”, “No es para mí”, “requiere mucha fuerza de voluntad». El espacio liminal es parte del proceso de transformación. Si te quedas el tiempo suficiente verás los cambios.

Igual que en el aeropuerto. Si aceptas las incomodidades de salir pronto de casa, hacer cola para pasar el control de seguridad, buscar la puerta de embarque, volver a hacer cola para embarcar, buscar tu asiento en un pasillo estrecho, colocar donde puedas el equipaje de mano, abrocharte el cinturón, esperar que el avión despegue, sufrir alguna turbulencia durante el vuelo, llegar al otro aeropuerto y repetir el proceso pero a la inversa, finalmente habrás llegado adonde querías ir.

Lo mismo ocurre con los espacios liminales en la vida. Si aceptas las incomodidades, los retos y las dificultades del proceso, finalmente alcanzarás los objetivos que te hayas propuesto a principios de año. Es la constancia, no la motivación, la que transforma la vida.

¡Mantente atento a los recursos y herramientas para conseguir el cambio!

Si tienes alguna duda o cualquier pregunta sobre el programa «9 meses para 9 cambios» contacta con nosotros y lo hablamos.